Es inevitable no sentir miedo por perder a alguien, pero más inevitable aún es no pensar en el qué será de ti después. Despertar un día y pensar que nunca más vas a poder dedicarle una sonrisa o ver como te dice lo guapa que estás, y es que es eso, amor de abuela, de quien te ha visto crecer y para quien siempre has sido, después de sus hijos, lo mejor que tiene. Pero, ¿y si un día deja de estar? No recuerdas la última palabra que le dedicaste o su última palabra para ti, se va, sin más. Y ahora eres tú quien está perdido. Que de una manera u otra también le debes a ella tu vida, y nunca nada será suficiente para agradecer eso.
Esas son las personas que valen de verdad.
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